TIEMPO DE LECTURA: 5 MINUTOS


Cómo meditar: dirigido a toda la gente que odia la meditación.


Por los editores de lululemon

null

Busca un objetivo que te apasione y tu salud mental te lo agradecerá. Cualquier tipo de movimiento físico, bien sea una rutina de calistenia o patinar por la calle, puede ser una actividad consciente.

 

Como dijo Jon Kabat-Zinn, el fundador de la terapia para la reducción del estrés basada en la atención plena, «No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear». Esto es una metáfora, obviamente, pero si aprendes a surfear, vivirás momentos conscientes y zen.

Sin embargo, meditar actualmente arrastra una reputación y varias ideas preconcebidas: meditar consiste en sentarse en una posición cómoda, con las piernas cruzadas, ponerse la aplicación de moda y quemar incienso. Esto les funciona a millones de personas, pero a otros muchos millones, no.

Sin embargo, los beneficios de la meditación son innumerables; no dejes que tu cuerpo y tu mente se los pierdan solo porque la práctica tradicional de atención plena no sea lo tuyo.

 

El movimiento en sí mismo es meditación.

Kabat-Zinn definió la conciencia plena como una forma de «prestar atención de una manera determinada, a propósito, en el momento presente, sin juzgar, como si tu vida dependiera de ello». Esto se consigue a través de la práctica tradicional budista, pero también de muchas otras formas.  Además, es más fácil ser consciente si tu vida depende de ello literalmente, por ejemplo, mientras surfeas, practicas escalada o, en el caso de Renee Castello, mientras patina por la calle en el este de Londres. «No puedo pararme a pensar: “Madre mía, casi me atropella un coche”, porque el tráfico no para», comenta.

Quizá no suene muy relajante, pero si te obligas a pensar solo en el momento presente, «tu cerebro desconecta de todo lo demás», dice Castello. Y eso da calma, a su manera. Renee describe su estado mental cuando patina como «pensar sin pensar». Hay veces que va patinando con los auriculares puestos, y otras que no. A veces solamente quiere sentir el aire en la piel y ser consciente del entorno que la rodea: «Simplemente, me dejo llevar». Eso sí que suena relajante, y a conciencia plena.

A James Downs, instructor de Yoga y embajador de lululemon, le gusta enseñar y practicar el «movimiento como una forma de meditación». Comenta que puede ser difícil de explicar porque no tiene nada que ver con lo que mucha gente piensa que es la meditación. «Creo que la gente necesita cosas distintas según el momento». Sentarse para meditar puede ser un punto de partida muy difícil para la gente que necesita algo más dinámico. Puede incluso no ser apropiado para personas con un historial traumático o trastornos alimenticios, porque ser conscientes de sus sensaciones corporales les resulta complicado. Al final, lo que vale es lo que le funciona a cada persona, no forzarse a hacer algo que no es para ti.

Además, la meditación no te va a hacer ser consciente automáticamente. Si no prestas atención, puedes estar presente físicamente, pero tu mente estará divagando por ahí.

 

No le des demasiadas vueltas.

Para esos días con demasiado estrés o mentalmente agotadores, Jermaine Straker, entrenador de calistenia, embajador de lululemon y fundador de la academia Cali Kulture, propone entrenar con un circuito de movimientos básicos: flexiones, dominadas y fondos de tríceps. «No necesitas pensar en nada», dice. «Solo moverte». También hay días en los que prefiere perfeccionar sus habilidades técnicas, como por ejemplo hacer posturas invertidas, cuyo objetivo tiene más que ver con «encontrar el equilibrio dentro de uno mismo». Suele practicar esto último por su cuenta, cuando siente que es capaz de despejar la mente y estar en calma.

Cuestión de concentración. 

«Imagínate que estás esquiando y que toda tu atención está centrada en el movimiento de tu cuerpo, en la posición de los esquís, en el aire que te roza la cara y en los árboles cubiertos de nieve a tu paso», dice Mihaly Csikszentmihalyi, el psicólogo que acuñó el término “fluir”. «Cuando estás presente, no hay margen para conflictos ni contradicciones; eres plenamente consciente de que, si te distraes con un pensamiento o una emoción, puedes acabar cayéndote en la nieve».

«La zona» para los atletas, el «éxtasis» para los místicos, un «arrebato estético» para los artistas y los músicos: sea cual sea el nombre que le pongas, el ego desaparece cuando fluyes. El tiempo vuela. Tus acciones y pensamientos se suceden de forma instintiva, inevitable, como si estuvieras «tocando jazz».

Puedes fluir esquiando, dice Csikszentmihalyi, pero también cuando lees un libro, hablas con un amigo o juegas con un bebé. La práctica de la «conciencia plena» da lugar a «una experiencia óptima en la vida», porque la felicidad que produce es el resultado de nuestras propias acciones sin depender de circunstancias externas, lo que nos lleva a un estado de «mayor complejidad y crecimiento de la consciencia».


Se trata de entrenar a la mente.

Una de las razones por las que Straker sintió un flechazo por la calistenia es que es «muy gradual». Cuando haces levantamiento de pesas, lo bueno es que puedes hacer prácticamente todos los ejercicios desde el principio, con una carga ligera que puedes ir aumentando gradualmente: «Sin embargo, con la calistenia no puedes hacer muchos de los movimientos y tienes que entrenar duro para lograrlos».

La primera vez que hizo el pino, la sensación fue de libertad, como si no necesitara nada más aparte de su propio cuerpo, y eso es lo que le da a su entrenamiento «otra dimensión». En diciembre, pasó varias semanas sin poder entrenar porque tuvo que cuidar de su madre; la falta de entrenamiento le produjo ansiedad y una subida de la tensión arterial (que comprobó con el tensiómetro de su madre). No es de extrañar que ahora esté disfrutando tanto de colgarse de nuevo de una barra.

Cuando Castello fue por primera vez con su madre a patinar al Stratford Centre de Londres, miraba con envidia a «toda esa gente que patinaba tan bien» sorteando peatones y ciclistas, y pensó: yo tengo que hacer esto. Con el tiempo, alcanzó un nivel en el que el «cuerpo llevaba la voz cantante y lograba desconectar la mente». Ahora, dice que patinar es «terapéutico».

«Puedo haber tenido un día horrible, pero me pongo los patines, me planto los auriculares y me relajo. Y eso hace que me sienta genial».